EL AUTOR
:
Adolfo Schlosser fue un artista austriaco que vivió en
España desde mediados de los años sesenta, país donde desarrolló la mayor parte
de su trabajo artístico.
Inició su formación artística en la Escuela de Artes y
Oficios de Graz para después pasar a estudiar pintura en la Academia de Bellas
Artes de Viena. Durante estos años, sus intereses se mueven entre las artes
plásticas y la literatura, llegando a escribir un buen número de poemas y
textos en prosa.
A los 19 años viaja a Islandia donde permanecerá cuatro años
trabajando en la pesca del bacalao. Esta estancia marcará su trayectoria
artística posterior, con muchas de sus obras haciendo referencia a la cultura
nórdica y al mundo de la pesca en alta mar. Tras la vuelta a su país, lo abandonará
definitivamente a los tres años para evitar el reclutamiento militar. Tras
recorrer varios países, llega finalmente
a España en 1966 donde vivirá hasta su muerte EN EL 2004.
Durante los primeros años en España realiza una serie de
tapices en lana y dibujos con motivos geométricos abstractos, para después
volver a la escultura como forma principal de expresión artística.
Posteriormente su estilo cambia y pasa a usar materiales orgánicos extraídos
directamente de la naturaleza. Todos estos materiales los extrae en las
cercanías de su residencia en Bustarviejo.
PREMIO:
En 1991 el Ministerio de Cultura español le otorgó el Premio
Nacional de Artes Plásticas.
ESTILO
DEL ARTISTA:
En cuanto al estilo del artista se puede decir que Adolfo
Schlosser es un artista polifacético que cultiva diferentes vías de expresión,
pero que a pesar de tal heterogeneidad técnica y formal, en su trabajo siempre
subyace un hilo rector integrado por su sensibilidad e integridad; no son pocos
los movimientos a los que se le ha intentado vincular, sin embargo, Schlosser
va más allá de todo rigiéndose únicamente por su capacidad creativa y sus
propias leyes emocionales. Las únicas directrices ante las que se postra, son
aquellas que le suscitan los materiales o elementos en las que ve algún tipo de
potencial, así, en sus continuos paseos por Bustarviejo se topaba con infinitas
formas que le despertaban curiosidad y se las llevaba a su taller, allí, las
interrogaba y extraía de ellas aquello que ya llevaban dentro, es decir, apenas
las manipulaba puesto que siempre defendió que las formas ya existían per se y
no había más que descubrirlas.
Calvo Serraller definió así su estilo:
“Estilísticamente, su
obra tenía rasgos del Land-Art, el posminimalismo y el arte conceptual, pero
todo esto entendido y fundido de una forma muy personal, como alguien que
entiende la identidad artística entre el chamanismo y la poesía de los antiguos
bardos rapsodas. Casi siempre utilizaba materiales naturales, como la madera,
el barro, la paja o la piedra, pero sus figuras y formas tenían no pocas veces
un atávico sentido simbólico. Por lo demás, Schlosser creaba siempre muy en
directa relación con el paisaje de su circunstancial entorno”.
SU OBRA
EN MUSEOS
Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Museo de Arte Abstracto Español. Cuenca.
Museo Municipal. Madrid.
Museo de Bellas Artes de Álava. Vitoria.
Junta de Castilla y León, Zamora.
Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Murcia.
Ayuntamiento de Leganés. Madrid.
Ayuntamiento de Alcobendas. Madrid.
Banco Exterior de España. Madrid.
Colección Suñol. Barcelona.
Asociación de Amigos del Arte Contemporáneo. Madrid.
U.I.M.P. Palacio de la Magdalena. Santander.
Colección Caixa de Pensiones. Barcelona.
I.C.O. Instituto de Crédito Oficial.
EXPOSICIONES
PRINCIPALES:
Centro Gallego arte contemporáneo (Santiago)
Museo nacional Centro de Arte Reina Sofía (2006)
IVAM (1998)
Galería Elvira González (2014)
ANÁLISIS
DE LA OBRA:
DESCRIPCIÓN
DE LA OBRA:
La obra que vamos a comentar pertenece al artista austriaco
Adolfo Schlosser ; Cuando vemos la obra observamos que está compuesta por 18
piedras, que se organizan en triángulos compuestos de 6 piedras cada uno. Estos
triángulos están compuestos cada uno de ellos por 6 piedras, en los dos
extremos de cada uno vemos que hay 2 piedras de tamaño pequeño, seguidas de
estas vienen 2 de un tamaño intermedio, y en el centro haciendo de vértice
vamos una de un tamaño grande, y para cerrar el triángulo vemos una pequeña
puesta paralela a la grande
Si seguimos mirando la obra, veremos que las 9 piedras
pequeñas conforman un círculo grande entre ellas, las 6 piedras del tamaño
intermedio forman un círculo mediano y las 3 piedras de mayor tamaño , forman
un círculo pequeño en el centro de la glorieta.
Todo esto tiene que ver con el estilo del artista que se
contó más arriba, pero a continuación veréis otro artículo de Calvo Serraller
publicado en el país que explica el significado de las formas geométricas y el
numero tres utilizado por schlosser:
“Así, la idea del
centro de la Tierra o el número nueve, de tan hondo arraigo en las viejas
sabidurías esotéricas, son elementos que Schlosser no necesita apropiarse
porque convienen de forma espontánea con su horizonte artístico personal, donde
la montaña, el árbol o la piedra -figuras que simbolizan el centro de la
Tierra- han estado siempre presentes, o el número nueve, con su función
simbólica de unir triangularmente lo subterráneo, lo terrestre y lo celeste,
también ha configurado esa visión vertical que ha caracterizado a muchas de sus
obras.
Con
todo, el centro para Schlosser no deja de ser simultáneamente el punto imantado
de cada hombre, donde se realiza o tiene lugar el deseo natural y su
satisfacción sobrenatural, en lo que éste tiene de juego especular o, si se
quiere, de espejismo, de ilusión reflexiva y, por tanto, potencialmente
liberadora. El centro como creación ilusionística de una totalidad visual nos
es
presentado
por Schlosser como espejos perpendiculares, a la vez que puede construir un
bosque triangular con madera, cristal y plomo, tres estados de la materia”
DIRECCIONES
DE INTERES:
http://elpais.com/diario/1993/03/01/cultura/730940410_850215.html


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